El dermatólogo Rogelio Mercado destacó el impacto sistémico de la enfermedad y la importancia de identificar factores cardiovasculares y metabólicos, evitar tratamientos que puedan agravarla y coordinar oportunamente con especialistas.
La psoriasis puede hacerse visible en la piel, pero sus efectos no necesariamente terminan allí. La inflamación asociada con esta enfermedad puede coexistir con alteraciones cardiovasculares, metabólicas y psicosociales, por lo que su manejo requiere una mirada que trascienda las manifestaciones dermatológicas.
Durante el Primer Congreso de Autoinmunidad de BeHealthMED, el dermatólogo Rogelio Mercado planteó la importancia de fortalecer el papel de la medicina primaria en la identificación temprana de estos riesgos y en el seguimiento integral de los pacientes.
Una enfermedad que también compromete la salud cardiovascular
Uno de los principales llamados del especialista estuvo relacionado con la conexión entre la inflamación característica de la psoriasis y la salud vascular.
“Se ha visto que la psoriasis ataca la piel y asimismo ataca la arteria, lo cual supone una alta prevalencia de enfermedad cardiovascular… el tratamiento a tiempo con medicamentos sistémicos disminuye ese riesgo en el futuro”.
Esta relación hace necesario que el paciente con psoriasis no sea evaluado únicamente a partir de la extensión o apariencia de sus lesiones. Para el Dr. Mercado, el seguimiento debe contemplar también aquellos factores que pueden aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares y metabólicas.
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Entre las condiciones que pueden acompañar a la psoriasis se encuentran el síndrome metabólico y las enfermedades cardiovasculares, además de alteraciones del ritmo cardíaco como la fibrilación auricular.
Desde la práctica primaria, esto implica prestar atención a indicadores como la glucosa, el perfil lipídico y la presión arterial, además de explorar aspectos relacionados con la salud mental, como síntomas de depresión o ansiedad.
El tratamiento temprano también puede ser una estrategia preventiva
El desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas ha transformado el manejo de la psoriasis. Entre ellas se encuentran las terapias biológicas dirigidas contra moléculas específicas relacionadas con la respuesta inflamatoria, incluyendo los inhibidores de IL-17 e IL-23.
Estas opciones pueden conseguir un alto grado de aclaramiento de las lesiones y, dependiendo del tratamiento, ofrecer esquemas de administración que facilitan el manejo a largo plazo.
Sin embargo, el especialista señaló que la efectividad de estas terapias no siempre significa que sean fácilmente accesibles para todos los pacientes.
“A pesar de que no hay una cura definitiva, las terapias biológicas son muy efectivas con un buen perfil de seguridad… pero si este paciente te da un infarto, ¿cuánto va a gastar en cardiólogo, estudios y hospitalización?”
La reflexión apunta a uno de los desafíos que persisten en la atención de la psoriasis: las barreras de acceso y cobertura pueden dificultar que algunos pacientes reciban oportunamente terapias avanzadas.
Desde esta perspectiva, el manejo de la enfermedad también requiere valorar las consecuencias que puede tener una psoriasis inflamatoria sin un control adecuado y no limitar la conversación sobre el tratamiento a su costo inmediato.
Una advertencia sobre los esteroides sistémicos
Otro de los aspectos destacados durante la conferencia fue el uso de medicamentos que pueden tener consecuencias importantes en determinados pacientes con psoriasis.
El especialista hizo énfasis en que los esteroides sistémicos deben evitarse como estrategia para tratar la psoriasis, particularmente porque su suspensión puede provocar un rebote importante de la enfermedad y, en algunos casos, favorecer la aparición de formas más graves, como la psoriasis pustulosa.
Para el médico de atención primaria, conocer esta consideración es relevante, especialmente cuando el paciente consulta por una exacerbación de sus lesiones y requiere una decisión terapéutica inicial.
En estos escenarios, identificar la psoriasis y reconocer cuándo es necesario involucrar al dermatólogo puede evitar intervenciones que terminen complicando el curso de la enfermedad.
El seguimiento no termina cuando desaparecen las lesiones
El control visible de la psoriasis tampoco debería interpretarse como el final del seguimiento. El paciente continúa necesitando una evaluación que considere posibles comorbilidades y el impacto que la enfermedad puede tener en su calidad de vida.
Por ello, el abordaje desde medicina primaria puede incluir el monitoreo periódico de presión arterial, glucosa y lípidos, así como la identificación de síntomas relacionados con depresión y ansiedad.
La educación también ocupa un lugar importante. Explicar al paciente la naturaleza de la psoriasis, reforzar la adherencia al tratamiento y aclarar que no se trata de una enfermedad contagiosa puede contribuir a reducir estigmas y favorecer una mayor participación del paciente en su cuidado.
Un manejo que requiere coordinación
La atención del paciente con psoriasis no depende exclusivamente del dermatólogo. La medicina primaria puede convertirse en un punto de detección de riesgos y de coordinación con otros profesionales de salud.
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La identificación de factores cardiovasculares y metabólicos, la vigilancia de síntomas articulares, la educación sobre el tratamiento y la derivación oportuna forman parte de una estrategia que busca evitar que las consecuencias de una enfermedad inflamatoria se detecten cuando ya han producido complicaciones.
El mensaje del Dr. Mercado durante el congreso apuntó hacia esa integración: tratar la psoriasis implica atender al paciente más allá de la piel y reconocer que el control temprano de la inflamación y de sus factores asociados puede ser parte de una estrategia para proteger su salud a largo plazo.

