EII y obesidad: individualizar el tratamiento es clave para reducir riesgos y mejorar resultados

GastroenterologíaEII y obesidad: individualizar el tratamiento es clave para reducir riesgos y mejorar resultados

El manejo de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) en pacientes con obesidad requiere una evaluación que vaya más allá del control de la actividad gastrointestinal. La coexistencia de ambas condiciones puede modificar el perfil de riesgo del paciente y obliga a considerar factores cardiovasculares, trombóticos, nutricionales y psicológicos.

Así lo explicó el doctor Ahmed Morales durante el 2º Simposio Anual sobre Enfermedades Autoinmunes e Inflamatorias de la Academia Médica del Sur, donde presentó un taller enfocado en la relación entre enfermedad inflamatoria intestinal y obesidad.

“La obesidad afecta negativamente el curso de estas condiciones y hasta inclusive pudiera afectar la efectividad de los tratamientos que nosotros estamos dando”, señaló Morales.

Un paciente con un perfil de riesgo más complejo

De acuerdo con el especialista, la obesidad introduce factores de riesgo que deben incorporarse a la valoración clínica. Entre ellos mencionó el riesgo cardiovascular, eventos pulmonares y fenómenos trombóticos.

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En pacientes con EII, además, el componente inflamatorio puede contribuir a aumentar la complejidad del riesgo de coagulación.

“Tenemos medicamentos que pudieran aumentar también ese riesgo. O sea, que hay que jugar y tener esto en unos balances adecuados”, explicó.

Para el Dr. Morales, esto refuerza la importancia de individualizar las terapias y evitar abordar cada condición de manera aislada.

El cambio en el perfil del paciente

Uno de los puntos destacados durante la entrevista fue la transformación del perfil que tradicionalmente se asociaba con la enfermedad inflamatoria intestinal. Aunque históricamente el paciente con EII podía presentarse con bajo peso y malnutrición, la disponibilidad de tratamientos más efectivos ha permitido controlar mejor la enfermedad y modificar algunas de estas características.

“Como tenemos mejores tratamientos, los pacientes se controlan mejor y genuinamente los pacientes la dieta la pueden liberalizar mucho mejor”, explicó.

Morales compartió como ejemplo el caso de una paciente con enfermedad de Crohn descontrolada que llegó a presentar un índice de masa corporal de 15 y que, después de ser estabilizada nutricionalmente y recibir tratamiento, alcanzó un IMC de 38.

La evolución obligó a modificar también el foco terapéutico: de la recuperación nutricional inicial a la evaluación de alternativas para el manejo de la obesidad, incluida la posibilidad de tratamiento farmacológico o cirugía bariátrica.

Atención primaria como punto de entrada

En este contexto, el especialista resaltó el papel de los médicos de atención primaria en la identificación temprana de los factores asociados con la obesidad.

“Los médicos primarios son por donde entran estos pacientes antes de llegar a nosotros, su especialista”, afirmó.

Desde su perspectiva, es necesario que los profesionales conozcan las diferentes herramientas disponibles para abordar el sobrepeso y la obesidad y puedan identificar cuándo es necesario ampliar la evaluación o referir al paciente.

Medicamentos y cirugía bariátrica: no necesariamente opciones excluyentes

Otro de los puntos abordados fue la relación entre las terapias farmacológicas para la obesidad y la cirugía bariátrica. El Dr. Ahmed Morales planteó que ambas alternativas no deben entenderse necesariamente como tratamientos que compiten entre sí.

“No veamos la cirugía bariátrica como un enemigo. los medicamentos son los que van a revolucionar y van a sustituir la cirugía”, señaló.

El especialista añadió que algunos pacientes pueden beneficiarse de una intervención quirúrgica y que los medicamentos podrían utilizarse como un puente en determinados escenarios, dependiendo de las características individuales.

La selección del tratamiento, por tanto, requiere considerar el perfil clínico de cada paciente y no asumir que una estrategia puede sustituir automáticamente a otra.

Componente psicológico, importante en el tratamiento

Morales también enfatizó la importancia de incorporar la salud mental y la conducta alimentaria al manejo de los pacientes sometidos a intervenciones para la obesidad. Para hablar al respecto, el especialista mencionó el concepto de “GLP-1 cerebral” o “bariátrica cerebral” para referirse a la necesidad de trabajar los componentes psicológicos asociados con los cambios en la conducta alimentaria.

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Asímimo, el Dr. Morales alertó sobre la importancia de acompañar adecuadamente a los pacientes después de una cirugía bariátrica. Explicó que, ante la reducción de la ingesta de alimentos, algunos pacientes pueden trasladar determinadas conductas hacia otras fuentes de gratificación, incluida la ingesta de alcohol.

“Si no se brega adecuadamente con la psicología de ellos, una vez se operen… la ansiedad de comer la sustituyen con otras adicciones”, sostuvo.

Hacia un modelo multidisciplinario

Para Morales, la complejidad de la obesidad y sus efectos sobre distintos sistemas hace necesario un abordaje multidisciplinario.

En el caso de los pacientes con EII, esto supone integrar el control de la enfermedad inflamatoria con la evaluación y tratamiento de la obesidad una vez que la condición intestinal esté adecuadamente controlada.

“Que al paciente se le vea como un todo”, resumió el especialista al referirse a uno de los cambios necesarios en la práctica clínica.

La coexistencia de EII y obesidad plantea, así, un escenario en el que gastroenterología, atención primaria, nutrición, psicología y otros profesionales pueden tener un papel complementario, de acuerdo con las necesidades individuales del paciente.

Vea la entrevista completa:

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