Nuevas guías de obesidad cambian el paradigma clínico

CardiologíaNuevas guías de obesidad cambian el paradigma clínico

Las nuevas guías de obesidad plantean un cambio de paradigma al integrar la salud cardiovascular, renal y metabólica en el abordaje de esta enfermedad. Para el cardiólogo Edmundo Jordán, el cambio implica dejar de considerar la obesidad únicamente como un factor de riesgo y comenzar a tratarla como el origen de un síndrome con impacto multisistémico.

Obesidad: un nuevo perfil clínico

“El nuevo perfil y el nuevo cambio en el paradigma del tratamiento” es, según Jordán, uno de los principales aportes de estas guías de obesidad. El especialista explicó, en diálogo con BeHealthMED, que durante años médicos de atención primaria, medicina interna, cardiología y otras especialidades observaron la obesidad principalmente como un factor asociado a otras enfermedades. Ahora, plantea, debe ser abordada como una enfermedad que requiere una intervención más activa.

Desde esta perspectiva, la obesidad adquiere una dimensión cardiometabólica y renal. Jordán señaló que se relaciona con hipertensión no controlada, colesterol elevado y diabetes, condiciones que incrementan el riesgo de eventos como infarto y accidente cerebrovascular.

“La obesidad es una de las principales causas o etiologías para los eventos cardiovasculares”, afirmó durante la entrevista.

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Otro cambio relevante está en la evaluación del paciente. El cardiólogo cuestionó que el IMC o el peso sean suficientes para determinar el riesgo: dos personas con el mismo peso o índice de masa corporal pueden presentar riesgos diferentes. Por eso, destacó la importancia de identificar dónde se acumula la grasa, particularmente la grasa visceral.

El peso ya no es el único indicador

La grasa visceral ocupa un lugar central en el planteamiento de Jordán. Según explicó, la grasa abdominal tiene características inflamatorias y puede participar en mecanismos moleculares relacionados con inflamación y aterosclerosis. De ahí que la valoración clínica deba ir más allá de determinar cuánto pesa el paciente.

El especialista también llamó la atención sobre la identificación temprana del riesgo. La acumulación de grasa visceral puede comenzar desde la infancia y la adolescencia, por lo que considera necesario iniciar el manejo desde edades tempranas mediante educación, nutrición y ejercicio.

“La obesidad debe tratarse desde la infancia”, sostuvo.

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GLP-1 y prevención cardiovascular

Las nuevas recomendaciones también incorporan agonistas del receptor GLP-1 para determinados pacientes con obesidad, diabetes tipo 2 y riesgo cardiovascular. Jordán insistió en que las conocidas inyecciones para perder peso no deben entenderse exclusivamente desde una perspectiva estética:

“Son importantes medicamentos de prevención cardiovascular”, afirmó.

El cardiólogo citó el estudio SURMOUNT y señaló que, con un uso apropiado, estos medicamentos pueden lograr reducciones de entre 20 % y 30 % del peso corporal y, según su explicación, asociarse con menor incidencia de eventos cardiovasculares y deterioro de la función renal. También destacó la evolución hacia medicamentos de función dual y futuras alternativas farmacológicas.

Para Jordán, el cambio implica que el profesional ya no debería limitarse a decirle al paciente que “baje de peso, haga ejercicio y coma bien”. El tratamiento debe considerar las herramientas farmacológicas disponibles cuando estén indicadas.

“Tenemos que ofrecer una gama de medicamentos que tienen unos efectos extraordinarios”, sostuvo al referirse a su potencial preventivo.

Un abordaje interdisciplinario

La transformación propuesta por las nuevas guías de obesidad también exige coordinación entre cardiología, endocrinología, nefrología y atención primaria. Jordán calificó esta integración como un momento extraordinario para fortalecer la prevención y el manejo integral.

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En paralelo, el tratamiento debe incorporar nutrición y ejercicio. El especialista recomendó priorizar alimentos como frutas, vegetales, proteínas de pollo, pavo y pescado, además de grasas insaturadas como aceite de oliva y aguacate, dentro de una alimentación balanceada.

Así, las nuevas guías de obesidad amplían la mirada clínica: el objetivo ya no es únicamente modificar el peso, sino identificar el riesgo cardiovascular, metabólico y renal y actuar de manera temprana, interdisciplinaria y terapéuticamente activa.

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