Tras formarse en Harvard, Pittsburgh y el RCM, el especialista regresa a la isla para liderar procedimientos de alta complejidad en Menonita
La vocación médica del doctor Ricardo Fernández-de Thomas no surgió dentro de un quirófano ni frente a un microscopio, sino sobre la mesa de la cocina de su casa. Cursaba el séptimo grado cuando su padre recortó un reportaje de prensa sobre la doctora Marimerce Toledo, la primera mujer neurocirujana en Puerto Rico, y lo dejó allí con la intención de que lo leyera. Años más tarde, ya como estudiante universitario, un encuentro casual en una librería con la autobiografía del renombrado cirujano Keith Black terminó de trazar su horizonte profesional.
«Ese recorte de periodico en la cocina me marcó, y por eso creo tanto en el poder del periodismo. ¿Quién pensaría que lo que un niño lee en el periódico tiene la fuerza suficiente para definir su futuro profesional?», expresó.
Egresado del Colegio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Miramar, Fernández-de Thomas completó un bachillerato en Biología Celular y Molecular en la Universidad de Puerto Rico. Consciente de la brecha económica que suponía estudiar fuera del país, pero decidido a no renunciar a una formación de estándar internacional, diseñó un esquema híbrido: cursaba sus semestres en la isla y dedicaba cada receso de verano a estancias de investigación competitivas y totalmente financiadas en instituciones de vanguardia, como las universidades de Columbia, Harvard y Washington en San Luis.
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La fórmula se repitió tras ser admitido en la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas (RCM). Durante esa etapa sumó una pasantía en investigación oncológica en el prestigioso MD Anderson Cancer Center, en Houston, antes de graduarse y obtener una de las escasas plazas anuales de residencia en neurocirugía en Puerto Rico.
Su ruta formativa, sin embargo, enfrentó una prueba crítica en 2021, cuando el programa de neurocirugía del RCM perdió su acreditación ante el Consejo de Acreditación para la Educación Médica Graduada (ACGME). Forzado a reubicarse junto a sus compañeros de cohorte en un escenario de alta incertidumbre, logró insertarse en el centro médico de la Universidad de Pittsburgh (UPMC). Allí completó cuatro años más de entrenamiento, transformando su último ciclo en un fellowship enfocado exclusivamente en cirugía compleja de columna vertebral.
Con ocho años de preparación quirúrgica a cuestas, su regreso a Puerto Rico exigía encontrar una estructura hospitalaria apta para procedimientos de alta complejidad tecnológica. Esa coyuntura lo llevó a integrarse al Sistema de Salud Menonita, donde cumple un año interviniendo pacientes en las sedes de Caguas y Cayey, combinando su práctica de columna con guardias de traumatología y emergencias craneales.
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Frente a los desafíos estructurales que enfrenta el sistema de salud puertorriqueño —desde la retención de especialistas hasta la estabilidad de los servicios básicos—, Fernández-de Thomas sostiene una postura de compromiso pragmático y trabajo colectivo.
«Hay mucho por mejorar y evolucionar, pero estamos caminando en la dirección correcta. Esto es un esfuerzo a gran escala y todos tenemos un fin común y es que los pacientes reciban la mejor atención posible. Hoy son mis pacientes, pero mañana puede ser el familiar tuyo o el mío», concluyó.

