El estudio revela que la mayoría de los adultos con trastornos mentales severos que usan cigarrillos electrónicos en la isla consumen THC y CBD en lugar de nicotina
Un novedoso estudio transversal y descriptivo liderado por investigadores de la Ponce Health Sciences University (PHSU) ha encendido los gamberes sobre los hábitos de consumo en una de las poblaciones más vulnerables del país: los adultos con condiciones de salud mental severas que recurren al uso de cigarrillos electrónicos o «vaping».
La investigación, presentada en el Ponce Research Institute, analizó datos secundarios de una muestra de 57 participantes procedentes de dos clínicas del área sur de Puerto Rico. El perfil demográfico principal reflejó una mayoría de mujeres y personas con bajo acceso al empleo. Aunque tradicionalmente el uso de vaporizadores se asocia de forma automática con el consumo de nicotina, los hallazgos en este grupo clínico rompieron los esquemas esperados por la literatura científica actual.
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De los participantes evaluados, el 26% reportó historial de fumar y, de ese grupo, un contundente 70% afirmó haber utilizado cigarrillos electrónicos. La gran sorpresa para los investigadores fue que la inmensa mayoría de estos pacientes informaron utilizar los dispositivos para consumir Tetrahidrocannabinol (THC) y Cannabidiol (CBD), los componentes activos del cannabis, por encima de la nicotina.
Fabio Barreto, estudiante de quinto año del programa de doctorado (PhD) en Psicología Clínica de la PHSU y expositor del estudio, detalló la importancia de este hallazgo y el impacto que representa la prevalencia de tabaquismo y uso de sustancias en los puertorriqueños que viven con diagnósticos complejos como esquizofrenia, bipolaridad o depresión mayor severa.
«En poblaciones de subgrupos de minorías en Estados Unidos, la población de los latinos que más reporta uso de cigarrillo electrónico son los puertorriqueños, así que vemos todos estos factores que son bien impactantes. Pero aún no hemos visto quizá un estudio que apunte hacia esas prevalencias, esas frecuencias de uso de cigarrillo electrónico en esta población que parece ser una población vulnerable», explicó Barreto al profundizar sobre el origen y la urgencia de la investigación.
Aunque el estudio original no profundizó en los motivos específicos del consumo de cannabis vía vaporización, el equipo de investigación plantea que la conducta podría estar estrechamente ligada al manejo de síntomas físicos. Muchos pacientes con trastornos de salud mental severos padecen de forma simultánea condiciones de dolor crónico, y recurren de forma autónoma al THC y CBD para intentar mitigar sus dolencias.
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Esta realidad plantea un dilema clínico complejo para los profesionales de la salud que diseñan programas de intervención, ya que las estrategias tradicionales enfocadas puramente en la cesación del «vapeo» chocan con lo que el paciente percibe como un alivio terapéutico.
«Estos panoramas que tratan de buscar la cesación de uso de vaping hay que adaptarlos incluso un poco más hacia esta población, porque hay una lucha interna entre cesación, que es dejar de fumar, y lo que puede ser un potencial tratamiento para estos pacientes. Es importante que tengamos en cuenta estas condiciones y estos dolores crónicos para poder hacer intervenciones que vayan más adaptadas hacia esta población», puntualizó el investigador doctoral de quinto año.
El proyecto cuenta con la mentoría de los psicólogos clínicos y doctores en filosofía (PhD) el Dr. Rivera Cegarra y la Dra. Alexia Ramos-Piberno. El equipo de trabajo de este esfuerzo científico está compuesto, además, por la Dra. Nelmy Tolinchi, la estudiante de segundo año de doctorado Itza Cruz y el Dr. Leopoldo Cabasas de la Universidad de Saint Louis.
Los autores concluyeron que el próximo paso de la línea de investigación será expandir los datos y auscultar cualitativamente las razones específicas de uso en entornos médicos, con el fin de transformar los hallazgos en guías clínicas que garanticen un cuidado integrado y empático para el paciente.

