A tres décadas de transformar la medicina de emergencia en la isla, el especialista relata cómo su vocación de infancia dio paso a un esfuerzo titánico por salvar vidas
El interés del Dr. Pablo Rodríguez Ortiz por la medicina no surgió de las páginas de un libro, sino de los viajes por carretera entre Mayagüez y San Juan junto a su padre. Ver pasar las ambulancias despertó en él una certeza temprana; quería estar a bordo para salvar vidas. Aunque en su juventud destacó en el béisbol al punto de atraer la atención de cazatalentos de las Grandes Ligas, una convicción profunda lo llevó a inclinarse por la ciencia en el Recinto Universitario de Mayagüez y, posteriormente, en el Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la Universidad de Puerto Rico.
«Mi papá me decía que yo iba a jugar pelota hasta los cuarenta años, pero que la medicina era para toda la vida. La pasión por la medicina era mayor que el interés en el béisbol», recuerda el cirujano sobre el punto de inflexión en su juventud.
Tras ingresar a la Escuela de Medicina y elegir la cirugía general —un programa piramidal altamente competitivo donde solo cinco de cada dieciséis residentes lograban graduarse—, Rodríguez completó su especialidad en cuidado crítico quirúrgico y fue reclutado en 1991 para integrarse al entonces naciente Centro de Trauma.
Hoy en día, su huella en la medicina puertorriqueña abarca múltiples dimensiones de alto nivel. Además de desempeñarse como director médico del Hospital de Centro de Trauma desde 1999, el especialista dirige el Departamento de Cirugía del RCM de la UPR desde 2024, preside el Consejo de Trauma del Departamento de Salud de Puerto Rico y ejerce como Chairman del Comité de Trauma del Capítulo de Puerto Rico del Colegio Americano de Cirujanos.
Como Fellow de cuatro colegios americanos (Cirujanos, Internistas, Intensivistas y Médicos Torácicos), el especialista asumió la dirección médica del Centro de Trauma en 1999 con un compromiso innegociable frente a las autoridades de salud; trabajar incansablemente hasta convertir la institución en un Centro de Trauma Nivel I verificado por el Colegio Americano de Cirujanos.
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Desde que asumió la dirección médica en 1999, fijó una meta innegociable: elevar los estándares de la institución hasta alcanzar la acreditación Nivel 1, la máxima categoría otorgada por el Comité de Trauma del Colegio Americano de Cirujanos.
el hospital ha transitado por una profunda modernización tecnológica; desde la creación de un registro electrónico de datos hasta la agilización de protocolos de transfusión de sangre en sala de emergencias.
A lo largo de 35 años de carrera bajo su mando, el hospital ha transitado por una profunda modernización tecnológica; como la introducción de la diálisis continua (CRRT) para pacientes inestables con fallo renal agudo y la institucionalización del Protocolo de Transfusión Masiva, vital para contener hemorragias severas. Actualmente, lidera un proyecto pionero para iniciar la administración de sangre en la fase prehospitalaria a bordo de las ambulancias aéreas de AeroMed.
Sin embargo, su mayor batalla reciente gira en torno a la infraestructura física. Tras estudios estructurales de la UPR Mayagüez que señalaron la vulnerabilidad sísmica del edificio actual, ha liderado las gestiones institucionales para la planificación y diseño de una nueva estructura sismorresistente.
Un reto único de salud pública
El especialista recalca que la realidad del trauma en Puerto Rico difiere drásticamente de la de Estados Unidos, principalmente por la falta de alternativas de desvío de pacientes (diversion) y por la alta gravedad de las lesiones que atienden.
«Un Nivel 1 es el nivel máximo de cuidado; significa que la atención es superior y que los pacientes tienen grandes opciones de sobrevivir. En Estados Unidos, si un hospital se llena, la ambulancia va al segundo o al tercero. En Puerto Rico no tenemos esa opción: si llegan mil pacientes, a los mil los vamos a atender porque este es el único centro de trauma del país», enfatizó.
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La acumulación de experiencia en el manejo de casos complejos y trauma penetrante (heridas por arma de fuego y arma blanca) es de tal magnitud que, históricamente, batallones de médicos militares de las Fuerzas Armadas de EE. UU. han acudido a adiestrarse bajo la tutoría de su equipo en Río Piedras.
Prevención y alianza comunitaria
Convencido de que el trauma es una enfermedad pública que representa la primera causa de muerte en menores de 44 años y que el 95 % de los incidentes se pueden prevenir, el cirujano mantiene un compromiso personal con la educación vial. Desde 2004 dicta de manera gratuita la conferencia «Terrores en la Carretera» en municipios de toda la isla, orientando sobre los peligros del alcohol, la velocidad y el uso de motoras.
Asimismo, en 2012 fundó la Fundación Asistencia Centro de Trauma (FACT), dirigida por la Lcda. Marjorie Stewart Feria. Esta entidad canaliza recursos para campañas de donación de sangre, adquisición de equipo médico, adiestramientos del programa Stop the Bleed e iniciativas académicas como el Simposio de Trauma de Puerto Rico.
Un compromiso hasta el último minuto
Para Rodríguez, la medicina de trauma no es una profesión convencional, sino una guardia permanente que exige estar al pie del paciente en cuestión de minutos, sin importar festivos ni horas de la madrugada.
«Detrás de cada paciente hay una familia que espera. Cuando logramos devolver a una persona a su hogar, esa satisfacción es imposible de describir con palabras; no hay dinero ni reconocimiento que se le compare», concluye el cirujano.
Con la guardia nocturna aún activa y la meta de la acreditación Nivel I en el horizonte, Rodríguez reafirma que el trauma no es solo su especialidad médica, sino la misión de su vida.

