IA en salud en Puerto Rico: El reto de no dejar a nadie atrás

HealthIA en salud en Puerto Rico: El reto de no dejar a nadie atrás

Expertos advierten que el éxito de la tecnología dependerá de humanizar el servicio y no marginar a las comunidades vulnerables

La velocidad con la que avanza la inteligencia artificial (IA) en el ámbito clínico supera la capacidad actual para adiestrar a la fuerza laboral y preparar a las comunidades. Ante este escenario, un panel multisectorial de expertos analizó las transformaciones urgentes que se necesitan en los próximos dos años para lograr una adopción responsable de la tecnología que mantenga al paciente como el eje central del sistema de salud.

El sector de la salud primaria en Puerto Rico ya cuenta con resultados tangibles que demuestran el potencial de estas herramientas informáticas para transformar la atención médica directa. Proyectos de asistentes de voz para transcripción clínica y modelos de analítica predictiva ya operan en múltiples clínicas de la isla.

Héctor García, director del Programa de Informática y Tecnología en Salud de la Asociación de Salud Primaria de Puerto Rico (ASPPR), explicó que estos sistemas ya manejan miles de encuentros mensuales y detalló que también utilizan modelos estadísticos para anticipar el ausentismo de los pacientes analizando historiales de citas de hasta 24 meses. Según el director, esto permite generar un cuidado preventivo y reduce la carga administrativa del proveedor, logrando que el médico deje a un lado el teclado y le preste más atención al ser humano.

«Ya hemos implementado con éxito proyectos de IA para la transcripción de notas clínicas en 16 de los 23 centros de salud primaria en Puerto Rico», afirmó Héctor García, director del Programa de Informática y Tecnología en Salud de la Asociación de Salud Primaria.

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Por su parte, el campo de la medicina preventiva y el diagnóstico ya integra algoritmos para optimizar la detección temprana de diversas condiciones crónicas, aunque los expertos advierten que la herramienta jamás debe sustituir el juicio profesional.

«En la práctica clínica ya manejamos modelos dirigidos a la detección de cáncer en la mujer, la prevención de la diabetes y el manejo de la obesidad. Hoy día, cualquier persona con un teléfono inteligente tiene acceso a la inteligencia artificial, lo que transforma las búsquedas tradicionales que antes se hacían en Google», explicó Orvil Martínez, médico del Centro de Medicina Avanzada.

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No obstante, Martínez advirtió que estos modelos predictivos todavía deben madurar para generar total confianza en el sector clínico. Entre los puntos más debatidos en el foro estuvo el riesgo de que la tecnología aumente las disparidades socioeconómicas y la iniquidad en el acceso a los servicios esenciales si se ignora el contexto de la isla.

«La tecnología es accesible en su origen porque las herramientas básicas están en internet, pero el problema surge cuando se desarrollan aplicaciones que no entienden el contexto real de la salud», advirtió Manuel Rodríguez Martínez, profesor de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez. Para el académico, el verdadero reto es educar a los ingenieros y desarrolladores sobre el funcionamiento de la atención clínica.

Además, el panel coincidió en que el verdadero indicador de éxito de la IA no se medirá en la sofisticación de sus algoritmos, sino en su capacidad para responder a las necesidades de la población más vulnerable, particularmente en un Puerto Rico envejecido y con limitaciones de infraestructura energética y de telecomunicaciones.

«Dependiendo del lugar de la isla donde nos encontremos, la realidad del acceso cambia drásticamente. En nuestras zonas rurales todavía hay personas que no tienen señal celular ni internet», afirmó Zulma Robles Figueroa, promotora de salud comunitaria de la corporación COSSAO en Utuado y colaboradora del Instituto de Salud Pública de Puerto Rico.

La integración de la inteligencia artificial en la salud pública del país es ya una realidad irreversible. El verdadero reto para los próximos dos años consistirá en fiscalizar y humanizar estas herramientas para garantizar que la innovación tecnológica no se traduzca en una nueva forma de exclusión social.

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