Estimulación cerebral profunda: clave en párkinson

NeurologíaEstimulación cerebral profunda: clave en párkinson

La estimulación cerebral profunda emerge como una alternativa quirúrgica para pacientes con enfermedad de Parkinson cuyos síntomas dejan de responder de manera adecuada al tratamiento farmacológico. Así lo explicó, en diálogo con este medio, el Dr. Ángel Viñuela, neurólogo y especialista en Trastornos del Movimiento del Instituto de Neurociencias de P.R. Manatí Medical Center, durante la convención anual de la Academia Puertorriqueña de Neurología.

Una terapia para síntomas refractarios

Según Viñuela, la terapia de estimulación cerebral profunda consiste en implantar un electrodo en el cerebro para mejorar síntomas que no responden suficientemente al tratamiento médico. En el mal de Parkinson, la estrategia adquiere relevancia cuando la respuesta a la levodopa se vuelve menos estable y comienza a comprometer la calidad de vida.

“Inicialmente tiene buen tratamiento con medicamentos, particularmente una medicina que se llama levodopa; esto mejora mucho al paciente durante muchos años”, señaló.

El especialista destacó que la evolución del trastorno de Parkinson puede incluir manifestaciones que trascienden la movilidad, entre ellas alteraciones de la memoria, problemas psiquiátricos, deglución, habla y funcionamiento del tubo digestivo y del sistema genitourinario. En este contexto, la selección del paciente y el seguimiento posterior son componentes centrales del abordaje.

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Selección del paciente y experiencia clínica

Viñuela identificó dos perfiles relevantes para considerar la intervención. Uno corresponde a pacientes con la enfermedad de Parkinson y temblor severo que no responde a medicamentos. El segundo comprende pacientes tratados con levodopa que, con el tiempo, presentan una duración cada vez menor del efecto, disquinesias o periodos en los que la pérdida del efecto farmacológico limita actividades como caminar y deteriora la calidad de vida.

“En esa situación en la que la medicina funciona y mejora los síntomas, pero no permite tener una buena calidad de vida, la cirugía es una buena opción”, afirmó. Sin embargo, subrayó que no todos los pacientes son candidatos y que la valoración por neurología es necesaria.

En Puerto Rico, el procedimiento se realiza, según el especialista, en el Manatí Medical Center, específicamente en el Instituto de Neurociencias. Viñuela señaló que el centro fue fundado junto al Dr. Lozada en 2015 y que han intervenido a más de 500 pacientes. A su juicio, los resultados han sido “realmente muy buenos”, particularmente cuando existe una adecuada selección, una cirugía correcta y un seguimiento basado en la programación del tratamiento.

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Un modelo de atención multidisciplinario

Más allá de la intervención quirúrgica, el especialista planteó que el manejo del párkinson debe abordarse desde el inicio de manera integral. Ejercicio, actividad física, educación y participación de distintos profesionales forman parte de un esquema en el que el neurólogo especialista puede coordinar el cuidado con otros médicos.

También destacó el papel de familiares y cuidadores. “El apoyo al cuidador y familiar es muy importante”, afirmó, al señalar que su participación puede facilitar la asistencia a citas, la adherencia a medicamentos, la actividad física y la socialización, pero también requiere acompañamiento para evitar el desgaste asociado al cuidado prolongado.

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El médico primario también ocupa una posición estratégica. Para Viñuela, su cercanía con el paciente y su capacidad para coordinar la atención entre especialistas hacen que la comunicación con neurología y el acceso oportuno sean elementos clave.

La experiencia presentada por el especialista sitúa la estimulación cerebral profunda como una herramienta que requiere criterios de selección, seguimiento especializado y coordinación asistencial, dentro de un abordaje que considere tanto los síntomas motores como el impacto multisistémico del Parkinson.

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