Impacto clínico de VESALIUS-CV en la prevención primaria cardiovascular

CardiologíaImpacto clínico de VESALIUS-CV en la prevención primaria cardiovascular

La prevención primaria cardiovascular podría entrar en una nueva etapa tras la publicación del estudio VESALIUS-CV, el primer ensayo que demuestra el beneficio clínico de un inhibidor de PCSK9 en pacientes de alto riesgo cardiovascular que aún no habían presentado un infarto de miocardio ni un evento cerebrovascular. Para el endocrinólogo y lipidólogo, el Dr. Alex González Bossolo, los resultados representan un cambio relevante en la toma de decisiones terapéuticas y respaldan una estrategia más intensiva para alcanzar las metas de colesterol LDL establecidas por las guías más recientes.

VESALIUS-CV amplía la evidencia para la prevención primaria

Hasta ahora, la mayor parte de la evidencia sobre inhibidores de PCSK9 se concentraba en prevención secundaria. El Dr. Alex González Bossolo destacó que la principal novedad de VESALIUS-CV es demostrar que evolocumab (Repatha) también ofrece beneficios en pacientes que todavía no han experimentado un evento cardiovascular.

«Este es el primer estudio con un medicamento que es un inhibidor del PCSK9, un anticuerpo monoclonal, que demuestra ese beneficio en pacientes que aún no han tenido un evento por primera vez. Ese es el game changer que trae este estudio», afirmó el galeno en diálogo con behealthmed.

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El especialista explicó que, aunque las estatinas continúan siendo la base del tratamiento por su eficacia en la reducción del LDL, los inhibidores de PCSK9 logran una disminución mucho más intensa al favorecer el reciclaje del receptor de LDL, permitiendo captar una mayor cantidad de colesterol circulante. Según indicó, esta estrategia consigue reducciones superiores al 50 % del colesterol LDL.

Estratificación del riesgo y metas terapéuticas

Más allá del tratamiento farmacológico, el entrevistado subrayó que el manejo actual debe centrarse en la estratificación del riesgo cardiovascular y no únicamente en una cifra aislada de colesterol.

«Tenemos que evaluar primero los factores de riesgo modificables y no modificables, además de las comorbilidades como diabetes o enfermedad renal crónica, porque mientras mayor sea la reducción del LDL, mayor será el beneficio en la disminución de eventos cardiovasculares», señaló.

En ese contexto, recordó que las guías clínicas más recientes recomiendan que los pacientes con diabetes reciban tratamiento hipolipemiante independientemente de sus niveles iniciales de colesterol. Asimismo, precisó que la meta terapéutica es alcanzar un LDL menor de 55 mg/dL en quienes presentan muy alto riesgo o enfermedad cardiovascular establecida, mientras que los pacientes de alto riesgo sin eventos previos deberían mantenerse por debajo de 70 mg/dL.

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Evidencia para intensificar el tratamiento

Uno de los hallazgos que el Dr. González Bossolo considera más relevantes es que aproximadamente el 75 % de los infartos ocurren como primer evento cardiovascular. A su juicio, esta realidad evidencia la necesidad de intervenir antes.

«Con Repatha se observó en VESALIUS-CV una reducción del 25 % en eventos como infarto de miocardio o enfermedad cerebrovascular isquémica en pacientes de alto riesgo que no habían presentado un evento previo», indicó.

El especialista sostuvo que estos resultados aportan el respaldo científico necesario para intensificar el tratamiento cuando las estatinas no permiten alcanzar los objetivos terapéuticos. «Ahora tenemos la data para apoyar esa agresividad en nuestros pacientes», afirmó.

Nuevas guías modifican la práctica clínica

Para el endocrinólogo, las guías publicadas en 2026 representan un cambio de paradigma al establecer metas específicas de LDL según el perfil de riesgo. «Ya no es colocar una estatina y continuar el seguimiento. Ahora debemos verificar si el paciente alcanzó la meta y, si no es así, incorporar un anticuerpo monoclonal inhibidor de PCSK9 como Repatha para lograr ese objetivo», explicó.

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Finalmente, el especialista recordó que la intensificación farmacológica debe acompañarse de intervenciones sobre el estilo de vida, incluyendo alimentación saludable, ejercicio y control de otros factores de riesgo modificables, como parte de una estrategia integral de prevención cardiovascular.

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