Tras casi una década de investigación clínica en los Institutos Nacionales de la Salud, el especialista apuesta por la excelencia formativa y la investigación en el Recinto de Ciencias Médicas
Un accidente de tránsito presenciado en su juventud y una dolorosa pérdida familiar definieron la vocación del Dr. Carlos Luciano, actual jefe de la División de Neurología del Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la Universidad de Puerto Rico. Al intentar auxiliar a un herido junto a su padre y verse paralizado por la falta de herramientas médicas, la frustración se transformó en determinación. Poco después, durante su segundo año universitario, la muerte repentina de su progenitor a causa de un ataque cardíaco selló su rumbo definitivo.
«Fue una experiencia en un accidente automovilístico donde lo auxilié junto a mi papá y me sentí tan ignorante que eso fue una motivación bien grande; más que nada, en mi deseo de entender mejor el cuerpo humano y las enfermedades, decidí que dentro de la ciencia me iba a ir por medicina», recordó Luciano.
Tras graduarse de la Escuela de Medicina de la UPR, descubrió su interés por las neurociencias bajo la mentoría del Dr. Jesús Vélez Borrás. Su primera etapa formativa fuera de la isla lo llevó a Nueva York, donde realizó su internado en Medicina Interna en el Metropolitan Hospital de Manhattan en pleno auge de la epidemia del VIH/SIDA, atendiendo pacientes en estado crítico cuando aún se desconocía el agente causal del virus.
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Posteriormente, completó su residencia en Neurología en el Boston City Hospital —el programa de entrenamiento neurológico más antiguo de Estados Unidos—, rotando además por la Clínica Lahey y el New England Deaconess Hospital, afiliado a la Universidad de Harvard.
Su carrera en la investigación biomédica despuntó durante una estancia de nueve años en los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) en Bethesda, Maryland. Allí asumió la dirección interina del laboratorio de electromiografía durante un lustro y luego se integró a la Unidad de Enfermedades Neuromusculares junto al Dr. Marinos Dalakas, profundizando en patología muscular y diseño de ensayos clínicos.
Pese a estar plenamente establecido en Estados Unidos con su familia, mantuvo el propósito de volver. La oportunidad se concretó en 1998, cuando el entonces rector del RCM, el Dr. Firpo, lo reclutó para incorporarse al recién creado Centro de Investigaciones Clínicas. Regresó a la isla un mes antes del paso del huracán Georges y, en mayo de 2009, asumió la jefatura de la División de Neurología tras el retiro de su mentor, el Dr. Vélez Borrás.
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Al evaluar el panorama formativo del país, Luciano defiende la solidez del entrenamiento clínico local, aunque advierte sobre las crecientes presiones financieras que enfrentan los programas universitarios.
«Tenemos una educación médica con exposición a casos poco usuales y un entrenamiento directo y práctico donde el estudiante no mira desde lejos, sino que desde temprano se integra a trabajar; sin embargo, los retos fiscales nos obligan a poner más énfasis en generar fondos mediante servicios clínicos para sostener los programas, enfrentando reembolsos y cargas burocráticas que compiten directamente con la docencia y la investigación científica», afirmó Luciano.
Frente a este escenario, el neurólogo continúa apostando por la innovación y la búsqueda de alternativas sostenibles para la academia pública. Para Luciano, preservar el rigor científico y garantizar que las nuevas generaciones de médicos puertorriqueños reciban una formación de excelencia sigue siendo la principal motivación de una carrera construida con vocación, retorno y compromiso con el país.

