Obesidad: el riesgo cardíaco más allá del peso

HealthObesidad: el riesgo cardíaco más allá del peso

Experto advierte que la disfunción de la grasa y su acumulación en el corazón definen el riesgo de fallo cardíaco más allá del peso en la báscula

El peso corporal y el tradicional Índice de Masa Corporal (IMC) se han quedado cortos para evaluar la verdadera salud del corazón. Así lo advirtió el cardiólogo especialista en fallo cardíaco Francisco Merced, al destacar que el peligro real no radica en el peso que marca la báscula, sino en qué tan disfuncional es la grasa y en qué lugares específicos se acumula.

«La pregunta que debemos hacernos no es qué tanto pesa el paciente, sino cuánto tejido adiposo tiene; la adiposidad no es estática y tenemos que entender la fisiología de esa grasa, qué tan disfuncional está y su impacto en el cuerpo mucho más allá del metabolismo», afirmó Merced.

Cuando el tejido adiposo enferma —una condición conocida clínicamente como adiposopatía—, el daño al sistema cardiovascular avanza por múltiples vías simultáneas. Por un lado, el exceso de volumen sanguíneo obliga al corazón a trabajar con mayor sobrecarga, elevando las presiones internas del órgano y activando respuestas hormonales de estrés. A esto se suman la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y un daño progresivo en los vasos sanguíneos microscópicos que irrigan el miocardio.

Lee:Dr. Fernández-de Thomas: Vocación en la neurocirugía

Sin embargo, uno de los hallazgos más determinantes es el efecto mecánico directo: la acumulación de grasa sobre el propio corazón (grasa epicárdica). Al expandirse, este tejido funciona como una faja rígida que comprime las cavidades cardíacas, impidiendo que el músculo se relaje y se llene de sangre adecuadamente entre latidos, lo que detona cuadros severos de falta de aire y apnea del sueño.

Aunque el cálculo del IMC sigue siendo el parámetro más extendido por su facilidad, el especialista subrayó que es incapaz de distinguir entre masa muscular y depósitos de grasa, ni de identificar dónde está alojado el tejido graso peligroso. Dos pacientes con la misma estatura y peso pueden tener pronósticos cardiovasculares completamente opuestos.

Frente a esta limitación, el manejo médico actual exige herramientas más precisas: desde mediciones antropométricas de cintura y cadera, hasta estudios de bioimpedancia, ecocardiogramas avanzados y resonancias magnéticas capaces de cuantificar el volumen exacto de grasa que rodea al corazón.

Te puede interesar: Convención SOS 2026: analizan impacto de obesidad y la nueva era de tratamientos médicos

Esta distinción cobra especial urgencia ante el fallo cardíaco con fracción de eyección preservada (HFpEF) —aquel donde el corazón aún bombea con fuerza aparente, pero el músculo está rígido y congestionado—. En este grupo, cada incremento de cuatro puntos en el IMC aumenta el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca en un 20%.

«En los pacientes con fracción preservada, la grasa que rodea al corazón no solo genera sustancias inflamatorias; ejerce un efecto de compresión física directa», enfatizó el cardiólogo. El corazón queda atrapado mecánicamente, lo que causa disfunción microvascular y acelera el deterioro. Por eso el tratamiento moderno ya no puede limitarse a diuréticos convencionales, sino que debe atacar la adiposidad de raíz», explicó el galeno.

Las guías cardiológicas más recientes ubican a la obesidad como un factor determinante desde el Estadio A —la fase inicial de riesgo antes de que existan daños estructurales irreversibles—. De acuerdo con el especialista, identificar a tiempo estos fenotipos de grasa disfuncional abre la puerta a intervenciones tempranas y a nuevas terapias cardiometabólicas capaces de detener el daño antes de que el corazón claudique.

Visite otras etiquetas:

Artículos populares