Formada entre la UPR y Boston, la nefróloga pediátrica lideró el restablecimiento del trasplante de riñón para niños en Puerto Rico con la convicción de retribuir a su país lo aprendido
Desde su infancia, cuando pedía microscopios de regalo y vislumbraba su futuro entre el cuidado de niños y la docencia, la Dra. Nilka de Jesús González trazó una vocación que hoy redefine la medicina especializada en el país. Como directora médica del Centro de Trasplantes del Hospital Auxilio Mutuo y líder de su división de nefrología y trasplante renal pediátrico, su trayectoria ejemplifica el impacto de formarse en los centros clínicos más avanzados del mundo con la convicción inquebrantable de regresar a servir a Puerto Rico.
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Egresada del sistema público universitario, De Jesús completó su bachillerato en Biología en la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, y continuó sus estudios de medicina en el Recinto de Ciencias Médicas (RCM).
Durante su formación médica, optó por una ruta atípica que combinó la clínica con la investigación; tras completar sus primeros dos años de teoría, pasó un año en la Universidad de Salamanca investigando oncología pediátrica, para luego regresar a la UPR a realizar su residencia en Pediatría junto a una maestría en Investigación Clínica y asumir la jefatura de residentes. Sin embargo, su rumbo definitivo dio un giro en febrero de su segundo año de residencia, cuando una rotación en nefrología la cautivó al ver cómo la ciencia y la fisiología renal se traducían de inmediato en mejoras directas para sus pacientes.
El rescate del programa de trasplante pediátrico
Su subespecialidad la llevó al prestigioso Boston Children’s Hospital, uno de los centros pediátricos de mayor renombre internacional. A pesar de las ofertas laborales y el caudal de recursos disponibles en Massachusetts, su objetivo de retorno se mantuvo firme.
«A mí me fascinó Boston, tenía un montón de recursos, allí había oportunidades de trabajo, pero para mí Puerto Rico es Puerto Rico. Yo estaba convencida de que yo me adiestraba y regresaba a Puerto Rico para darle de vuelta a Puerto Rico lo que yo había ganado. Yo me formé completamente en el sistema de la universidad y tenía que traer para atrás lo que yo había aprendido», expresó.
Tras el retiro en 2013 del Dr. Eduardo Santiago Delpín —pionero que realizaba estos procedimientos bajo un modelo unificado de adultos—, Puerto Rico quedó desprovisto de un programa activo y exclusivo de trasplante renal pediátrico, obligando a referir los casos fuera de la isla. A su regreso en 2013, De Jesús asumió la dirección del programa de residencia de Pediatría de la UPR y luego, en 2018, lideró el establecimiento formal del programa pediátrico en el Hospital Auxilio Mutuo. Desde entonces, el centro ha superado los 30 trasplantes en pacientes pediátricos en suelo local.
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Posteriormente, sumó una certificación en Calidad de Servicios de Salud de la Universidad de Cincinnati, estructuró los programas de calidad institucional y, desde 2024, asumió la dirección médica general del Centro de Trasplantes, supervisando los servicios de riñón, hígado y páncreas tanto para adultos como para la población pediátrica.
De cara al panorama de los próximos 10 a 15 años, la especialista advierte que, si bien la isla cuenta actualmente con profesionales capacitados para sostener estos programas, la medicina enfrenta un reto global: la disminución de graduados interesados en cursar subespecialidades complejas y de larga duración.
«Ciertamente todos los profesionales de la salud tenemos que garantizar que mantengamos el servicio que se ofrece, y lo vamos a hacer siendo mentores, siendo role models para las nuevas generaciones. Tenemos que buscar las estrategias para enamorarlos y que quieran venir a ofrecer este servicio que es extraordinario, es ultra gratificante», declaró.
Ante este escenario, De Jesús subraya que los médicos primarios y educadores deben asumir una mentoría activa desde etapas tempranas para inspirar a las nuevas generaciones sobre el impacto humano de la medicina, una labor indispensable para formar el relevo profesional, proteger la autosuficiencia clínica del archipiélago y evitar que las familias tengan que salir de la isla en busca de atención especializada.

