La esofagitis eosinofílica plantea un reto clínico relevante cuando la enfermedad se identifica después de una impactación alimentaria que obliga a realizar una endoscopia de urgencia. Para el gastroenterólogo Dr. Lóscar Santiago Rivera, reconocer antes las manifestaciones de disfagia y los cambios que los pacientes introducen en su alimentación puede modificar ese curso y favorecer una intervención más oportuna.
Disfagia: una señal que requiere actuación clínica
Durante una transmisión de BeHealthMED, Rivera destacó que la atención primaria ocupa un lugar estratégico en la identificación de estos pacientes. «Lo importante es que conozcan los síntomas y síntomas de esta condición», señaló, al explicar que una de las presentaciones iniciales puede ocurrir cuando un paciente joven llega a una sala de emergencia con impacto de comida en el esófago.
El especialista enfatizó que el problema no debe limitarse a la descripción clásica de dificultad para tragar. También deben considerarse las modificaciones que el paciente realiza para poder alimentarse. «No solamente los síntomas de tragado, sino también aquellos síntomas que el paciente modifica durante su comida», explicó.
Entre esas conductas, Rivera mencionó la necesidad de tomar más agua para deglutir, reducir el tamaño de los alimentos, evitar determinadas comidas o dejar de consumir alimentos muy sólidos. También señaló una manifestación con impacto en la dinámica social: pacientes que comen más lentamente y terminan después que el resto de las personas en la mesa.
Una enfermedad con guías clínicas actualizadas
Para Rivera, la evolución del conocimiento sobre la esofagitis eosinofílica ha sido considerable desde su primera descripción en 1976. «Hemos avanzado mucho y tenemos muchos estudios clínicos en los cuales nos hablan tanto del diagnóstico como del manejo», afirmó.
El gastroenterólogo destacó además que actualmente existen guías claras para el diagnóstico y manejo, incluyendo una actualización correspondiente a 2025. Desde la perspectiva de atención primaria, uno de los puntos centrales es identificar la enfermedad en etapas tempranas, antes de que aparezcan cambios estructurales.
«Sabemos que es una enfermedad inflamatoria, estrechante, estenosante», explicó Rivera. Según detalló, si no se interviene oportunamente pueden desarrollarse estrecheces en el esófago y problemas a largo plazo como las impactaciones de comida.
Dilatación endoscópica ante las estrecheces
El avance de las técnicas de dilatación endoscópica también ha transformado el manejo de las complicaciones estructurales. Rivera señaló que las intervenciones quirúrgicas actualmente casi nunca son necesarias y que la endoscopia permite ampliar el lumen esofágico para mejorar los síntomas.
El especialista describió dos mecanismos utilizados para realizar la dilatación y destacó especialmente el empleo del balón. «A través del endoscopio pasamos un globo y el globo tiene diferentes calibres y vamos agrandando poco a poco ese esófago para que el paciente no tenga síntomas», explicó.
Para el gastroenterólogo, la clave continúa siendo actuar antes de que la progresión de la enfermedad esofágica derive en complicaciones que podrían haberse prevenido mediante identificación y referencia oportunas.
Referencia temprana al gastroenterólogo
El mensaje final de Rivera para los médicos fue directo: la disfagia no debe minimizarse cuando un paciente la reporta. «Aquel paciente que le diga que tiene problemas de tragado no lo tomen como un menos síntoma, sino que debemos actuar», afirmó.
Su recomendación es realizar una referencia temprana al gastroenterólogo para una evaluación precisa. «Referirlo temprano al gastroenterólogo para hacer una evaluación precisa y evitar que este paciente desarrolle complicaciones», concluyó el especialista.

