El abordaje de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) ha cambiado de manera sustancial en las últimas dos décadas: el diagnóstico ya no se asocia necesariamente con una evolución marcada por complicaciones mayores, mientras que la disponibilidad de nuevas terapias y herramientas diagnósticas permite intervenir antes. Así lo explicó el Dr. Juan Marqués-Lespier, gastroenterólogo y jefe de la División de Gastroenterología del Doctor’s Center Hospital / Orlando Health, Manatí, Puerto Rico.
Diagnóstico temprano: una prioridad clínica
Para el especialista, uno de los principales cambios está relacionado con la capacidad de modificar el curso clínico mediante una identificación más temprana. “En los últimos 20 años han salido nuevas terapias que han logrado que tengamos más alternativas de tratar a los pacientes”, señaló Marqués-Lespier, quien destacó que esas alternativas también permiten actuar cuando la enfermedad comienza a activarse y evitar complicaciones mayores.
El diagnóstico temprano de Crohn y colitis ulcerosa adquiere especial relevancia en atención primaria, donde los profesionales pueden ser los primeros en identificar señales de alarma.
“Si nosotros determinamos que un paciente tenga potencialmente este tipo de condición, si lo diagnosticamos a tiempo, evitamos en gran medida las complicaciones mayores”, afirmó el gastroenterólogo.
Según Marqués-Lespier, algunas manifestaciones que anteriormente podían observarse con mayor frecuencia, como estenosis o fístulas intraabdominales en enfermedad de Crohn y episodios de colitis fulminante en pacientes con colitis ulcerosa sin diagnóstico, son cada vez menos comunes. El especialista atribuyó este cambio a los avances en el conocimiento de los médicos y del personal de salud que evalúa inicialmente a estos pacientes.
Biomarcadores amplían la evaluación
Dentro de las actualizaciones más relevantes se encuentra la incorporación de biomarcadores capaces de aportar evidencia objetiva sobre la presencia de inflamación. Marqués-Lespier destacó particularmente la calprotectina fecal, una herramienta que, según explicó, ha revolucionado la evaluación durante los últimos años.
“Si está sumamente elevado nos deja saber que hay algo inflamatorio, que no es una diarrea común”, explicó. Para el especialista, esta información puede ser particularmente útil ante la sospecha de enfermedad inflamatoria intestinal, al aportar un elemento objetivo que complementa la valoración clínica.
Deficiencias de hierro y vitamina B12 como pistas
Las alteraciones hematológicas también pueden orientar la evaluación gastroenterológica. En el caso de la gastritis autoinmune, Marqués-Lespier explicó que la deficiencia de vitamina B12 puede constituir una pista relevante cuando existe sintomatología abdominal, debido a la alteración de un mecanismo necesario para su absorción.
La deficiencia de hierro, por su parte, puede adquirir especial importancia en el contexto de enfermedad inflamatoria intestinal. El especialista señaló que incluso cuando la hemoglobina permanece relativamente normal, encontrar hierro y ferritina bajos sin otra causa evidente puede justificar una evaluación adicional para determinar si existe una condición inflamatoria subyacente.
Metaplasia intestinal y vigilancia gástrica
Otro punto abordado fue el riesgo asociado con la metaplasia intestinal gástrica (GIM). Marqués-Lespier señaló que existe evidencia en determinadas poblaciones, particularmente asiáticas, sobre su relación con un mayor riesgo de cáncer gástrico. En Puerto Rico, indicó, no ha observado la misma conexión en la literatura mencionada durante la entrevista.
No obstante, explicó que estos cambios justifican una evaluación continua, con toma de biopsias y un mapeo que permita vigilar la evolución de las lesiones y determinar si progresan hacia displasia u otras alteraciones neoplásicas avanzadas.
Para el especialista, la conclusión para la práctica clínica es concreta: una deficiencia persistente de hierro o vitamina B12 sin explicación clara no debe considerarse simplemente una alteración de laboratorio. “Tenemos que saber cuál es la causa”, enfatizó. La investigación de esa causa puede conducir a condiciones que requieren evaluación especializada y, cuando corresponda, referencia a gastroenterología.
“Un diagnóstico temprano puede salvar vidas y también darle mucha calidad de vida al paciente”, concluyó.

