Dermatitis atópica: el prurito redefine el abordaje

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El prurito intenso en la dermatitis atópica ha dejado de ser un síntoma secundario para convertirse en un elemento central de la evaluación clínica y terapéutica. El conocimiento de sus mecanismos inmunológicos y neurocutáneos, junto con la llegada de terapias dirigidas, ha modificado el panorama del manejo de pacientes con enfermedad severa, según explicó a BeHealthMED el Dr. José González Chávez.

Interleucina 31 y el circuito neuroinmunológico del prurito

Uno de los mecanismos relevantes descritos en la dermatitis atópica involucra la activación de diferentes citocinas proinflamatorias, entre ellas la interleucina 31 (IL-31). Esta molécula participa en la transmisión de la señal pruriginosa mediante su interacción con estructuras nerviosas cutáneas y receptores presentes a lo largo del trayecto que comunica la piel con el sistema nervioso central.

“La interleucina 31 se activa cuando se desencadena el cuadro de dermatitis atópica y tiene la propiedad de pegarse a las fibras nerviosas de la piel, llamadas fibras C o fibras demielinizadas, que son las que envían el mensaje de picor desde la piel al cerebro”, explicó el especialista.

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Para González Chávez, este mecanismo ayuda a comprender por qué el prurito en dermatitis atópica puede alcanzar una intensidad considerable y convertirse en uno de los principales determinantes de la carga clínica. A diferencia de otros procesos inflamatorios cutáneos, la participación de esta vía ofrece una explicación relevante para el perfil pruriginoso característico de la enfermedad.

El impacto del prurito en la decisión de remitir

Desde la perspectiva del médico primario, la historia clínica puede aportar señales fundamentales para identificar cuándo un paciente requiere una evaluación más especializada. Alteraciones persistentes del sueño, deterioro del rendimiento escolar y limitaciones para participar en actividades cotidianas pueden reflejar una carga de enfermedad que exige reconsiderar el abordaje.

“En los pacientes que tienen una dermatitis atópica severa, el picor es 24/7. No hay medicamentos antihistamínicos que controlen eso, porque los mediadores de picor que se liberan en este proceso no responden a los antihistamínicos”, señaló González Chávez.

Terapias dirigidas y actualización clínica

El especialista situó un cambio relevante en el manejo terapéutico a partir de 2017, cuando comenzaron a aparecer medicamentos capaces de bloquear vías específicas implicadas en la inflamación y el prurito. Según relató, la experiencia clínica posterior mostró resultados que superaron las expectativas iniciales de efectividad.

“Cuando veías a un paciente con dermatitis atópica y un picor intenso y le ponías una dosis de la medicina, en 24 horas se le iba el picor, y eventualmente se le iba la dermatitis también como resultado de eso”, afirmó.

Actualmente, estos productos cuentan con múltiples indicaciones, incluyendo el prurito, lo que refuerza la necesidad de que los profesionales mantengan actualizados sus criterios de evaluación y manejo. Para el especialista, el reconocimiento oportuno de la dermatitis atópica severa no debe limitarse a la extensión de las lesiones.

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“La dermatitis atópica está entre las cinco enfermedades más psicológicamente agravantes para una familia. Uno no debe menoscabar la importancia de reconocer la enfermedad a tiempo y buscar alternativas, que muchas veces son multidisciplinarias, para el manejo de la enfermedad”, concluyó.

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