Conoce las nuevas guías de dislipidemia 2026 que transforman el manejo clínico con la herramienta PREVENT-ASCVD y el regreso de las metas estrictas de LDL
El ejercicio de la medicina primaria y la prevención cardiovascular experimentan un giro drástico. El American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA), en conjunto con múltiples sociedades científicas, publicaron las nuevas guías oficiales para el manejo de la dislipidemia y la prevención de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD). La actualización introduce herramientas de precisión diagnóstica, biomarcadores clave y el retorno formal de las metas absolutas de colesterol LDL.
El cambio más disruptivo para el médico clínico es la sustitución de las tradicionales Pooled Cohort Equations (PCE) por el algoritmo PREVENT-ASCVD. Esta nueva herramienta permite estimar el riesgo de ASCVD a 10 años en adultos de 30 a 79 años que no presentan antecedentes de enfermedad cardiovascular conocida ni aterosclerosis subclínica. Su aplicación cobra especial relevancia en pacientes con niveles de LDL-C entre 70 y 189 mg/dL en prevención primaria.
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Las categorías de riesgo estratifican la conducta médica desde un enfoque centrado en hábitos de vida saludables para el riesgo bajo (<3%), pasando por la consideración de tratamiento farmacológico compartido en el riesgo limítrofe (3% a <5%), la recomendación de al menos una estatina de intensidad moderada en el riesgo intermedio (5% a <10%), hasta requerir intervención farmacológica intensiva en el riesgo alto (≥10%).
Tras años de debate sobre el uso exclusivo de reducciones porcentuales, la guía reincorpora umbrales específicos de colesterol de baja densidad que establecen una meta menor a 100 mg/dL para la prevención primaria en pacientes con riesgo limítrofe o intermedio, un objetivo menor a 70 mg/dL para la prevención primaria en casos de alto riesgo, y un límite estricto menor a 55 mg/dL enfocado en la prevención secundaria para pacientes con enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD) de muy alto riesgo.
Para combatir el riesgo residual que el perfil lipídico convencional suele pasar por alto, las directrices jerarquizan dos mediciones esenciales: la lipoproteína(a) [Lp(a)], recomendada al menos una vez en la vida adulta —donde niveles ≥50 mg/dL (≥125 nmol/L) actúan como factor de riesgo adicional y cifras ≥100 mg/dL (≥250 nmol/L) indican un peligro mayor, sin requerir seguimiento habitual—, y la apolipoproteína B (ApoB), cuya utilidad destaca en pacientes con diabetes, hipertrigliceridemia, síndrome cardiometabólico o ASCVD establecida para aportar claridad cuando el LDL-C y el colesterol no-HDL ya están en metas.
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La directriz enfatiza anticiparse al infarto mediante la detección precoz de hipercolesterolemia familiar, antecedentes de ASCVD prematura y elevaciones persistentes de LDL-C (≥160 mg/dL). Asimismo, se respalda el uso del calcio coronario (CAC) para refinar la estrategia terapéutica ante la duda clínica —especialmente en hombres de 40 años o más y mujeres de 45 años o más— y se pauta tratamiento preventivo en adultos de 40 a 75 años con diabetes, enfermedad renal crónica (estadios 3–4) o VIH, de forma independiente a sus niveles iniciales de LDL-C.
Como subraya el informe de la Academia Médica del Sur; «la evaluación de la dislipidemia en 2026 va más allá del colesterol total y el LDL-C aislado», recordando que la prevención cardiovascular comienza antes del primer infarto.

