En el marco del Mes Mundial de las Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII), especialistas dialogan sobre el aumento de casos en Puerto Rico, los desafíos del diagnóstico temprano y la necesidad de un manejo multidisciplinario donde el médico primario y el gastroenterólogo trabajen en equipo.
Los síntomas suelen comenzar de forma sutil pero persistente: dolor abdominal, diarrea crónica, urgencia para ir al baño y fatiga. En muchas ocasiones, estos indicios se confunden con el Síndrome de Intestino Irritable (IBS, por sus siglas en inglés), retrasando un diagnóstico correcto.
El doctor Ahmed Morales, gastroenterólogo especialista en EII, conversó con el doctor Eduardo Colón, médico internista, para analizar cómo la medicina primaria se convierte en el portón de entrada crucial para identificar a tiempo condiciones como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.
Lee: IBD 360: El futuro del cuidado y la medicina personalizada en la EII
Ambos médicos coinciden en que la prevalencia de estas condiciones autoinmunes ha mostrado un repunte significativo en los últimos años, un fenómeno bimodal que afecta tanto a jóvenes en sus 20 años como a adultos mayores de 70.
Colón destacó que, aunque no representan la mayoría de los casos ambulatorios cotidianos, la tendencia al alza es innegable en comparación con sus años de residencia médica. Atribuye este incremento a una combinación multifactorial de elementos genéticos y ambientales que están haciendo que estas patologías florezcan con mayor frecuencia en la población general.
Herramientas para el cernimiento inicial
Para evitar que los pacientes queden atrapados en tratamientos ineficaces bajo la presunción de que padecen un trastorno puramente funcional, Colón enfatizó la relevancia de un historial clínico exhaustivo y el uso de biomarcadores específicos.
Te puede interesar: EII después de los 60: ¿cuál es el reto para los especialistas?
Además de ordenar un hemograma completo (CBC) para evaluar la presencia de anemia por deficiencia de hierro y revisar las enzimas hepáticas, el internista resaltó el valor de pruebas diagnósticas más avanzadas antes de proceder a referir una colonoscopía.
«Hay laboratorios más específicos de marcadores inflamatorios, la calprotectina fecal que nosotros la utilizamos muchas veces para guiarnos en el diagnóstico… son laboratorios que nos permiten descartar o estrechar ese diagnóstico, ya sea de enfermedad inflamatoria de la intestinal o enfermedad irritable», detalló.
Asimismo, Morales validó este enfoque, catalogando a la calprotectina fecal como la pieza clave para que los médicos de primera línea logren discernir eficazmente qué pacientes presentan un cuadro clínico de cuidado que amerite una intervención invasiva por parte del gastroenterólogo.
La importancia del co-manejo
El manejo de un paciente inmunosuprimido por terapias biológicas o moléculas pequeñas modernas genera interrogantes sobre la distribución de responsabilidades en el sistema de salud. El debate médico actual oscila entre si el gastroenterólogo debe asumir la carga total del cuidado preventivo o si el médico primario debe ejecutarlo bajo directrices claras.
Ambos expertos se inclinaron firmemente hacia un modelo de co-manejo. Con respecto a la inmunización, el doctor Colón se declaró rotundamente «pro-vacunación», advirtiendo sobre las complicaciones catastróficas que ha presenciado en entornos hospitalarios debido a la falta de protección.
Del mismo modo, Morales aclaró que los pacientes bajo tratamientos avanzados pueden recibir la mayoría de las vacunas (incluyendo influenza y COVID), con la única excepción de aquellas que contienen virus vivos atenuados una vez iniciada la inmunosupresión.
“Yo también soy paciente”
Uno de los momentos más reveladores del encuentro ocurrió al discutir las causas de hospitalización por exacerbaciones (flares). Colón indicó que el escenario más común en el hospital involucra a pacientes jóvenes que, tras experimentar una mejoría inicial, entran en negación y abandonan la terapia.
Ante este panorama, Morales compartió su perspectiva no solo como el subespecialista que evalúa la condición, sino como alguien que vive con el diagnóstico en carne propia, lo que transformó incluso el rumbo de su carrera profesional.
«Te tengo que confesar algo, soy paciente de colitis ulcerativa también y aun siendo médico, el proceso de digestión de una condición crónica es bien complicado aun para una persona que sabe. Yo no quería aceptar mi condición inicialmente y yo me tomaba los medicamentos y me sentía bien y decía ya yo no tengo esto, lo abandonaba y tuve que de darme varios cantazos para finalmente aprender a aceptar y a internalizar», comentó.
Además, relató que en su etapa estudiantil visualizaba su futuro en la nefrología, pero el impacto de su diagnóstico y el panorama terapéutico de la época lo impulsaron a adentrarse en la gastroenterología para ayudar a otros.
«Esto fue lo que me hizo repensar todo y entonces pues saber las implicaciones de la condición lo que decidí fue pues darle este giro a la vida y entonces en vez de hacer nefrología voy a hacer gastroenterología, voy a empaparme esto y voy a ayudar a los pacientes que tienen esto y es terapéutico tanto para el paciente como para mí», declaró.
La conversación concluyó con un llamado a desmitificar el uso crónico de esteroides —los cuales deben reservarse estrictamente como terapia puente temporal debido a sus severos efectos secundarios— y a potenciar el trabajo en equipo multidisciplinario que integre a secretarias, enfermeros, psicólogos, dietistas y cirujanos para salvaguardar la calidad de vida y la funcionalidad del paciente.

