Conexión intestino–hígado en EII: implicaciones clínicas para la detección temprana

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La relación entre el intestino y el hígado se ha convertido en un tema central dentro del manejo de las enfermedades inflamatorias intestinales (EII), particularmente en condiciones como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. Durante la convención de la Asociación Puertorriqueña de Gastroenterología, especialistas destacaron la importancia de comprender el llamado eje intestino–hígado, una interacción fisiológica que puede tener implicaciones diagnósticas y terapéuticas relevantes para médicos, gastroenterólogos y hepatólogos.

De acuerdo con el Dr. Jorge Sánchez, cirujano de trasplante de hígado, esta relación se explica principalmente por la circulación portal que conecta ambos órganos.

El sistema gastrointestinal está relacionado íntimamente con el hígado. Básicamente la relación más directa es que la circulación del intestino, un 70 u 80%, pasa a través del hígado para ser filtrada antes de entrar al sistema circulatorio”, explicó en diálogo con BeHealthMED.

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El experto señaló que este mecanismo hace que toxinas, metabolitos y productos inflamatorios provenientes del intestino sean procesados por el hígado, lo que explica por qué las enfermedades inflamatorias intestinales pueden tener repercusiones hepáticas si no se detectan y manejan a tiempo.

El eje intestino–hígado y su relevancia clínica

En el contexto de las enfermedades inflamatorias intestinales, la interacción entre ambos órganos puede traducirse en complicaciones hepáticas asociadas. Según explicó el especialista, diferentes procesos inflamatorios o infecciosos intestinales pueden repercutir indirectamente en el hígado.

Hay diferentes tipos de inflamaciones del intestino que pueden afectar al hígado. Condiciones como la diverticulitis, la enteritis o la colitis pueden traslocar infecciones hacia el hígado y causar abscesos hepáticos o infecciones de las vías biliares”, detalló.

En el caso de las EII de origen autoinmune, como la colitis ulcerosa, también se han descrito enfermedades hepáticas asociadas. Según el Dr. Sánchez, entre ellas se destaca la colangitis esclerosante primaria, una condición inflamatoria que afecta los ductos biliares y puede conducir a daño hepático crónico.

El médico enfatizó que esta relación obliga a los clínicos a mantener una vigilancia activa de la función hepática en pacientes con diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal.

Evaluación hepática temprana en pacientes con EII

Uno de los puntos clave para los especialistas es la detección temprana de compromiso hepático. El Dr. Sánchez destacó que el primer paso en la evaluación médica sigue siendo una historia clínica completa y un examen físico detallado.

Lo primero es obtener un historial y un examen físico adecuado del paciente para identificar manifestaciones gastrointestinales o síntomas asociados al hígado”, indicó.

Posteriormente, el cirujano recomienda solicitar laboratorios básicos de función hepática, incluyendo enzimas hepáticas, bilirrubina y marcadores generales que permitan evaluar el estado del organismo. También sugiere revisar parámetros como hemoglobina, plaquetas, glóbulos blancos y función renal, ya que estos datos pueden orientar hacia procesos inflamatorios o infecciosos sistémicos.

Si se detectan alteraciones sutiles en los laboratorios, el paciente debe ser referido para evaluación especializada.

Si los médicos primarios o internistas observan algún cambio en los laboratorios o en la función hepática, esos pacientes deben ser referidos a un hepatólogo para una evaluación más profunda del hígado”, señaló.

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Prevención y vigilancia para evitar daño hepático

La prevención también juega un papel importante en el manejo integral de pacientes con EII. Los especialistas coinciden en que la modificación de estilos de vida puede ayudar a reducir factores de riesgo adicionales para el hígado.

El Dr. Sánchez advirtió que el hígado graso se ha convertido en una de las principales causas de enfermedad hepática en la región. “El hígado graso actualmente está siendo la causa más común que está afectando al hígado en Latinoamérica y en Estados Unidos, incluso más que las enfermedades virales”, explicó.

Por esta razón, se recomienda promover dieta saludable, actividad física regular, control del peso corporal y una alimentación rica en fibra y baja en carbohidratos y grasas. Estas medidas, según describió el galeno, ayudan a evitar un daño hepático adicional en pacientes que ya presentan inflamación intestinal.

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Finalmente, el gastroenterólogo recordó que las enfermedades hepáticas suelen ser silenciosas en etapas tempranas, lo que refuerza la importancia del cernimiento clínico y de laboratorio.

Los síntomas de la enfermedad hepática usualmente son tardíos, por lo que no se debe esperar a tener síntomas para evaluar el hígado. Debemos hacer pruebas de cernimiento, sobre todo cuando hay enfermedades inflamatorias del intestino”, concluyó.

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