Puerto Rico enfrenta uno de los escenarios más críticos de enfermedad renal crónica en Latinoamérica. La isla presenta la prevalencia más alta de la región, superando el promedio internacional estimado en 9,5 %. Para finales de 2023, cerca de 6.000 pacientes se encontraban en diálisis, mientras que se calcula que alrededor de 500.000 personas padecen algún grado de enfermedad renal, muchas aún sin diagnóstico oportuno.
Este panorama está directamente relacionado con la alta carga de factores de riesgo modificables y no modificables. El 18 % de la población vive con diabetes, principal causa de falla renal, y el 42 % presenta hipertensión, segunda causa más frecuente. A esto se suma que el 60 % de los puertorriqueños tiene sobrepeso u obesidad, lo que acelera la progresión del daño renal y aumenta el riesgo de eventos cardiovasculares.
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Cambio de paradigma: no esperar a la diálisis
Desde la nefrología, el llamado es claro: no esperar a que el paciente llegue a diálisis para actuar. La Dra. Verónica Meza Venencia, nefróloga y directora del Programa de Trasplante de Riñón, Riñón-Páncreas y Donante Vivo, enfatiza que el referido temprano es la herramienta clínica más poderosa disponible. El momento ideal para remitir al paciente es cuando la tasa de filtración glomerular (GFR) se aproxima a 30 ml/min, permitiendo una planificación adecuada y mejores desenlaces.
El trasplante prediálisis es una estrategia clave. Los pacientes pueden ser enlistados cuando su GFR alcanza los 20 ml/min, evitando el desgaste físico, emocional y económico de la diálisis. En Puerto Rico, además, se realizan trasplantes combinados de hígado-riñón y páncreas-riñón, incluso en pacientes que aún no han iniciado diálisis pero dependen de insulina.
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Trasplante: impacto en supervivencia y sostenibilidad del sistema
El trasplante renal no solo mejora la calidad de vida, sino que incrementa la supervivencia en más de un 50 % frente a pacientes en diálisis que no están enlistados. Este beneficio se explica, en parte, por los rigurosos chequeos médicos que permiten detectar cánceres y comorbilidades ocultas de forma temprana. Desde la perspectiva del sistema de salud, el trasplante es significativamente más costo-efectivo que mantener a un paciente en hemodiálisis de por vida.
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Niños, jóvenes y retos del seguimiento postrasplante
Los menores de 18 años que se enlistan de forma temprana cuentan con prioridad nacional para recibir órganos de mejor calidad y mayor duración proyectada, además de mayores probabilidades de histocompatibilidad, reduciendo el riesgo de rechazo.
No obstante, el seguimiento postrasplante exige especial atención. Los inmunosupresores tienen márgenes terapéuticos estrechos, por lo que cualquier nuevo medicamento debe ser evaluado por el equipo de trasplante. Como recuerda la Dra. Meza Venencia: “El cuerpo nunca se acostumbra al trasplante. Siempre vas a necesitar inmunosupresores porque tus células tienen una ‘tablilla’ (HLA) que le dice al sistema inmune que ese órgano no es tuyo”.

