domingo, febrero 1, 2026

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Diferencias entre leucemia mieloide aguda y leucemia linfática crónica

*Apoyado por LeucemiaDiferencias entre leucemia mieloide aguda y leucemia linfática crónica

La distinción entre estas dos patologías comienza en la morfología celular y su impacto directo en el estado del paciente

En el esfuerzo continuo por fortalecer el conocimiento sobre las patologías oncológicas, BeHealthMED presenta una guía comparativa entre la Leucemia Mieloide Aguda (LMA) y la Leucemia Linfática Crónica (LLC). Con la colaboración del doctor Joel López, hematólogo oncólogo, analizamos las diferencias en morfología, progresión y factores de riesgo que el médico de primera respuesta debe identificar.

La principal distinción entre una leucemia aguda y una crónica no radica solo en el tiempo de evolución, sino en la biología celular.

“En la leucemia aguda el tipo de célula que se convierte en anormal es una célula mucho más inmadura, usualmente más grande y causa problemas mayores a niveles agudos”, explicó López.

Por el contrario, en la variante crónica, las células son maduras y de menor tamaño, lo que permite que el paciente curse con síntomas significativamente menores o incluso sea asintomático.

Leucemia mieloide aguda: Urgencia

Este tipo de condición se origina en la médula ósea a partir de células precursoras mieloides (que no se convertirán en linfocitos). A diferencia de otras patologías hematológicas de evolución lenta, la leucemia mieloide aguda se caracteriza por una progresión agresiva que exige un manejo clínico inmediato tras su detección.

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Además,  es común que las células leucémicas invadan los ganglios linfáticos, el hígado y el bazo, pero también pueden alcanzar sitios como el sistema nervioso central, afectando directamente al cerebro y la médula espinal.

 “Es el tipo más frecuente en los adultos y tiene un porciento importante de los cánceres en los Estados Unidos”, apuntó el especialista.

Factores de riesgo y perfil del paciente

En el entorno de la medicina primaria, es fundamental mantener un alto índice de sospecha ante pacientes que presenten antecedentes de exposición ambiental o un historial de contacto con químicos y solventes industriales, así como aquellos que han recibido tratamientos previos de quimioterapia o radioterapia por otras condiciones oncológicas. Del mismo modo, el factor demográfico juega un rol crucial en la sospecha clínica, dado que la predominancia de esta patología se observa en adultos mayores, con una mediana de diagnóstico que se sitúa alrededor de los 65 años.

Leucemia linfática crónica : La más común

La leucemia linfática crónica, es la de mayor prevalencia en la población adulta. Se origina en los linfocitos de la médula ósea y su curso es notablemente más lento. Debido a su naturaleza indolente, López señala que existe un estigma o «miedo» basado en la referencia de las leucemias agudas.

“Usualmente, cuando los pacientes escuchan de la leucemia, la referencia que tienen son estas leucemias agudas que requieren un tratamiento rápido; es la leucemia en la que quizá los pacientes le tienen más miedo a tener”, expresó.

Dinámica de la enfermedad y abordaje clínico

La distinción entre estas dos patologías comienza en la morfología celular y su impacto directo en el estado del paciente. Mientras que la leucemia mieloide aguda se caracteriza por la proliferación de células inmaduras o blastos de gran tamaño, la leucemia linfática crónica  presenta células pequeñas y maduras. 

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La diferencia biológica se traduce en una sintomatología contrastante: el paciente con leucemia mieloide aguda suele presentar un cuadro clínico marcado, sistémico y debilitante, mientras que en la leucemia linfática crónica los síntomas pueden ser mínimos o incluso estar ausentes en las etapas iniciales, lo que complica el diagnóstico temprano si no se realiza un tamizaje adecuado. 

La disparidad en la presentación clínica dicta la urgencia del protocolo terapéutico que el médico primario debe coordinar. En el caso de la leucemia mieloide aguda la agresividad de la enfermedad requiere un inicio de tratamiento urgente e inmediato para contener la rápida diseminación celular. Por el contrario, en la leucemia linfática crónica, el manejo suele ser más flexible y, en muchos casos, puede diferirse bajo un protocolo de observación activa. El médico debe considerar que, aunque la leucemia linfática crónica es la leucemia más común en la población adulta general, la leucemia mieloide aguda se posiciona como el tipo de leucemia aguda con mayor incidencia en este mismo grupo demográfico.

López concluye que la detección temprana de los síntomas y la identificación de factores de riesgo en la oficina del médico primario son vitales para el referimiento oportuno al hematólogo oncólogo, asegurando que el paciente reciba el nivel de urgencia que su tipo específico de leucemia requiere.

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