El experto instó a los médicos a tener la flexibilidad clínica de cuestionar los resultados de laboratorio cuando el crecimiento del paciente sugiere lo contrario
En el marco de la Convención Semianual de la Sociedad Puertorriqueña de Endocrinología y Diabetología (SPED), el doctor Robert Rapaport, referente en endocrinología pediátrica, presentó una actualización crítica sobre la deficiencia de hormona de crecimiento (GHD). Para el médico de primera respuesta, el mensaje principal es claro: el diagnóstico no es un evento único, sino un proceso de vigilancia continua.
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Rapaport, señaló que uno de los mayores retos en la medicina primaria es el “falso negativo”. Asimismo, advirtió que la GHD no debe verse como una condición estática. Un error común es descartar la deficiencia permanentemente tras una sola prueba de estimulación con resultados dentro del rango normal.
«La deficiencia de hormonas de crecimiento puede evolucionar con el tiempo. Usted prueba a alguien y es normal, pero luego lo prueba de nuevo y no es normal. Es una evolución de la deficiencia», explicó.
Del patrón de crecimiento deteriorarse a pesar de resultados previos satisfactorios, la reevaluación es necesaria. Según Rapaport, el médico primario debe interpretar los niveles de GH bajo la lupa del peso del paciente. Existe una correlación negativa probada: a mayor índice de masa corporal (IMC), menor es el pico de GH en las pruebas de estimulación. Actualmente se debate si los estándares diagnósticos deben ajustarse por peso para evitar sobrediagnosticar a pacientes con obesidad, quienes naturalmente presentan niveles de GH más bajos sin tener una deficiencia patológica de la glándula.
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Más allá de la estatura absoluta en la tabla de crecimiento, el Dr. Rapaport subrayó que el dinamismo es lo que realmente importa en la consulta pediátrica. Una estatura corta con velocidad normal suele indicar una variante normal del crecimiento. El signo de sospecha patológica es una velocidad de crecimiento lenta.
Además, el doctor Rapaport cuestionó la práctica de aumentar dosis agresivamente para elevar el IGF-1. La evidencia actual sugiere que aumentar la dosis (ej. de 0.05 a 0.1 mg/kg) no garantiza una mayor ganancia de talla adulta, complicando la relación lineal que se asumía anteriormente.
“Las preocupaciones sobre el crecimiento son siempre la principal razón de las consultas. Aumentar la dosis para aumentar el IGF-1, para aumentar el ritmo de crecimiento no estoy seguro de que haya una relación lineal. La relación es mucho más complicada», declaró.
Igualmente, la introducción de fármacos de larga duración como Somapacitan y Lonapegsomatropin marca un logro en el manejo clínico. Al ser de administración semanal y demostrar igual eficacia y seguridad que las inyecciones diarias, representan la mejor herramienta para combatir la baja adherencia, el principal enemigo del éxito terapéutico en Puerto Rico.
En cuanto a la seguridad, recordó que el tratamiento ha demostrado ser seguro en sobrevivientes de cáncer infantil, sin evidencia de recurrencia de tumores inducida por la terapia. Aunque existe un riesgo levemente superior en adultos tratados durante la infancia, el riesgo absoluto sigue siendo clínicamente muy bajo.
Consecuentemente, Rapaport hizo un llamado a la honestidad clínica, especialmente cuando un paciente no responde al tratamiento esperado durante el primer año.
«Si no van bien, debes tener el coraje de reevaluar y decir; bueno, tal vez algo más está pasando’. Tienes que tener todos estos pasos antes de poner a un niño en tratamiento», concluyó.

