Claves para el manejo de la dermatitis atópica

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La experta destacó las señales de alerta que los médicos primarios deben identificar para un referido oportuno

La dermatitis atópica no es simplemente una «piel reseca»; es una condición inflamatoria crónica que puede desestabilizar la vida personal, laboral y emocional de quienes la padecen. Así lo reafirmó la doctora Elena Nogales, dermatóloga y futura presidenta de la Sociedad Dermatológica de Puerto Rico, durante el simposio «De las articulaciones a la piel y viceversa».

La experta destacó que esta condición, que suele manifestarse desde la niñez, está estrechamente vinculada a otras patologías como el asma, la rinitis alérgica y la sinusitis. Sin embargo, uno de los mayores desafíos sigue siendo el diagnóstico diferencial y el manejo diario de los factores que activan los brotes.

A diferencia de otras condiciones dermatológicas, el picor intenso es la señal que marca la pauta en la dermatitis atópica. Según Nogales, el examen físico y la ubicación de las lesiones son fundamentales para no confundirla con otras dermatitis o infecciones.

«Es bien común que tengan picor los pacientes de dermatitis atópica y tienen diferentes lesiones. Por ejemplo, tienen muchas placas en el área doblez del brazo, piel reseca, y muchas veces tienen unas manchas blancas que la gente piensa que son paños, pero en realidad son dermatitis», explicó la especialista.

Además, Nogales discutió la deficiencia en la barrera cutánea de estos pacientes, lo que los hace vulnerables a factores ambientales, estrés y productos químicos. La doctora enfatizó que, en el clima de Puerto Rico, hábitos tan comunes como bañarse varias veces al día pueden empeorar el cuadro si no se hace correctamente.

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No obstante, el mayor obstáculo clínico sigue siendo la constancia en el tratamiento. Debido a que la dermatitis atópica es intermitente, muchos pacientes abandonan sus terapias al ver mejoría inicial.

«Uno de los retos es que la dermatitis atópica es una condición que viene y va los pacientes tienden a mejorar y, a veces, cuando uno se siente mejor, se deja de tomar el medicamento o de aplicar la crema, y entonces vuelven otra vez. Es un problema de adherencia al tratamiento», señaló.

A pesar de los retos de acceso y costos, Nogales celebró la llegada de nuevas alternativas terapéuticas que son más seguras y efectivas que el uso prolongado de cortisona, el cual puede acarrear efectos secundarios sistémicos como diabetes u osteoporosis.

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Dada la limitada disponibilidad de especialistas en Puerto Rico, Nogales subrayó que el médico primario es esencial para identificar cuándo la dermatitis atópica requiere un manejo avanzado. El referido inmediato a dermatología debe activarse si el paciente no muestra mejoría con tratamientos tópicos convencionales tras un periodo razonable. Asimismo, es crucial evaluar si la condición está provocando una afectación severa en la calidad de vida, como la pérdida constante de sueño por el picor. La incapacidad para laborar o el aislamiento social debido al estigma de las lesiones también son señales de alerta fundamentales. Por último, una intervención a tiempo permite al paciente acceder a terapias biológicas modernas que transforman el pronóstico de la enfermedad.

Por último, Nogales, quien asumirá la presidencia de la Sociedad Dermatológica de Puerto Rico en junio, reafirmó su compromiso con las clínicas gratuitas en los pueblos de la isla. Recientemente, este esfuerzo logró impactar a más de 650 pacientes en San Sebastián, demostrando la necesidad urgente de educación y acceso directo a servicios de salud dermatológica en las comunidades puertorriqueñas.

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